sábado, 11 de octubre de 2014

Capítulo 23

expr:id='"post-body-" + data:post.id' itemprop='description articleBody'>
-->
CAPÍTULO 23 : RASTREO, PARTE 2

Angy caminaba a mi espalda, muy callada. Normalmente no estaba tan callada; al contrio, Angy solía hablar muuchoo, creo que tiene algo que ver con algo que ocurrió mientras ella dormía. Se despertó a regañadientes y, como si lo que hubiese estado soñando fuera muy importante.
Me entró un poco de miedo porque creía que Angy había descubierto la verdadera razón por la que no la desperté, pero cuando dijo “te quedaste dormido y por eso no me despertaste” me alivié porque en realidad no era eso, no la había despertado porque me gustaba verla dormir; su rostro, fuera de toda la tensión era aún más bello que de costumbre.
De vez en cuando, la animaba diciéndole que estábamos cerca; aunque, en realidad no tenía ni idea.
No sé que nos pasa, pero la tensión entre nosotros es palpable y soy consciente que, es culpa mía. No me atrevo a hablar con ella como antes de separarnos en la celda. Temo que se haya dado cuenta. Al fin y al cabo, ¿no es un ángel?. Tienen los sentidos muy desarrollados y saben leer las expresiones en la cara de los demás como nadie.

+++**

La noche llegó y Jake sacó lo que quedaba del jabato. Lo comimos en silencio y yo insistí en hacer primero la guardia, fue difícil convencer a Jake de que me dejase hacer la guardia primero pero le dije que se lo debía y accedió. Se quedó dormido rápidamente, mi plan era dejarlo así toda la noche como él hizo conmigo.

Cuando tomé la decisión de quedarme toda la noche en vela, no conté con el aburrimiento ni que; con el tiempo, se convertiría en cansancio. Era normal que Jake se hubiese quedado dormido en medio de su vigilancia.
Saqué una de las dagas de mi cinturón y me dirigí hacia uno de los árboles que teníamos alrededor. No se me daba mal el dibujo pero, otra cosa era tallar en árboles.
Cuando comencé, no tenía ni idea de lo que quería hacer ; así que, dejé que mi mano se moviera, que mi imaginación volara como mis alas de ángel. En efecto, lo que había dibujado eran unas alas de ángel. O por lo menos yo veía eso; se parecía bastante, la verdad. Pero para mi sorpresa, eso no era lo único tallado en la madera. Había una frase: “Los sentimientos y pensamientos nos hacen libres. Eso no podéis quitárnoslo”.¿Realmente yo había escrito eso?.

***

Llevábamos 3 días caminando. Dando vueltas por el bosque, sin rumbo aparente. Todo era lo mismo, Jake iba delante rastreando y yo detrás borrando nuestras huellas. Era irónico que, estuviéramos siguiendo un rastro y no quisiéramos que nos siguieran a nosotros.
A lo lejos se veía una montaña, destacando contra la monotonía de los árboles. Era; hasta ahora, la única forma de la naturaleza no vegetal que veía. La montaña, era considerablemente grande. Se veían pequeñas aberturas en la roca. La esperanza en mi corazón renació. Quizá se habían refugiado en la montaña.
Conforme avanzábamos, la esperanza se iba haciendo más grande; ya que, nos dirigíamos a la montaña.
Jake parecía haber llegado a la misma conclusión que yo, porque caminaba más rápido más animado y de vez en cuando, sonreía (cosa que antes no pasaba).
A los dos días de haber divisado por primera vez la montaña, llegamos a la base. Tuvimos que desplazar un poco a la derecha para encontrar un sendero que subía. No nos molestamos en borrar las huellas mientras ascendíamos, porque el sendero constaba; en su mayor parte, de piedras.
-Esta vez sí que estamos cerca, el olor es más fuerte- dice Jake jadeante.
-¿Lo dices en serio o es como las otras mil veces que me lo has dicho?- digo riéndome. Al instante me arrepiento, me ha entrado un flato.
-De acuerdo, puede que las otras veces mintiese- se gira hacia mí y me sonríe- pero esta vez es cierto y sé que tú también crees que están por aquí.
-Sí, por lo menos eso sería lo más lógico- respondo.
Seguimos subiendo y noto que a Jake; como a mí, le cuesta respirar y no digamos rastrear.
Mientras subimos miro hacia arriba. En una de mis miradas, veo una sombra que rápidamente desaparece y unas cuantas rocas que se desprenden del camino. ¿Es posible que haya gente por aquí o mi imaginación me ha jugado una mala pasada?.
-Angy, se está haciendo tarde.-dijo Jake rompiendo el silencio- ¿crees que deberíamos seguir?.
Escuché una exclamación (claramente humana) y giré la cabeza. Me dio tiempo de ver a un chico, con el pelo rubio brillando con los últimos rayos del sol. El misterioso chico me guiñó un ojo y antes de que pudiera verlo mejor, desapareció.
Me giré. Dudaba si decirle a Jake lo que había visto o no. Dejé que mi cerebro decidiese por cualquiera de las dos cosas.
-Podríamos seguir a ver si vemos algún buen sitio para dormir.-dije intentando sonar despreocupada.
¡Bien, cerebro! Al final había optado por no decir nada sobre aquel chico. Aunque, cada vez que oía una piedra caer o un movimiento; giraba la cabeza esperando ver al chico, pero no veía nada.
-¿Sois Jake y Angy?.-esa voz me sobresaltó y pegué un respingo.
El dueño de la voz apareció poco después y curiosamente, era el mismo chico rubio de antes, pero ahora su pelo no resplandecía como hecho de diamantes.