CAPÍTULO
14: ENCARCELADOS
Después
del encuentro con Leonardo, nos sacaron de la jaula y nos pusieron
unas cuerdas para atarnos las muñecas, por si eso no les parecía
poco, nos colocaron un cuchillo en la espalda (por lo menos dejaron
tranquilo a mi cuello) y nos condujeron hacia abajo y hacia abajo y
hacia abajo, cada vez hacía más calor, comencé a angustiarme y no
ayudaba mucho el hecho de tener un cuchillo en la espalda, con lo que
me angustiaba más. Llamaron a una pesada puerta y abrió un hombre
fuerte, alto y ancho de espaldas, que me recordaba a un vikingo.
Tenía una expresión seria y de mal genio.
-¿Qué
pasa?- dijo el hombre de la puerta con una voz potente que se
ajustaba a su aspecto.
-Traemos
nuevos presos dijo empujándonos hacia delante. Uno a uno fuimos
entrando por la puerta. Cuando ya estábamos todos, se cerró la
puerta tras nosotros.
Nos
metieron a todos en una gran celda y cerraron la puerta, así fue
como quedamos encarcelados.
-Bien-dijo
el hombre que me recordaba a un vikingo.-soy el carcelero. Y os
explicaré como van aquí las cosas, monstruos.
Escupió
la última palabra.
-Supongo
que con “monstruos” no te refieres al piropo con el que se dice
de alguien que es muy bueno en algo, ¿verdad?.-dijo Jake.
-No
te pongas chulito, por si no te habías dado cuenta, tú estás
dentro y yo estoy fuera.-Terminó su frase con una áspera risotada.
Jake
calló.
-Así
está mejor- dijo el carcelero- No saldréis de aquí NUNCA. Sólo
comeréis cuando os traiga comida y a mí me de la gana de dárosla.
***
Al
día siguiente, me despertó un sonido de llaves. Abrí los ojos y vi
al carcelero abriendo la verja (de ahí el tintineo de llaves).
-Tú-
dijo, señalándome a mí.- ven, el rey te quiere ver.
Los
demás se habían despertado ya y lo miraron extrañados.
-Ella
no se va a ninguna parte.-dijo Annie
-Y
menos para hablar con ese monstruo-dijo Jake
-Tú,
tranquilo, acuérdate de lo que te dije ayer.-dijo el carcelero
riéndose.-Ven o tendré que sacarte por la fuerza y porque seas una
mujer, no voy a tener más consideración.
Me
levanté y me dirigí hacia la puerta.
-No
vayas, Angy- dijo Jake-¡te hará daño!
-Éste-dije
mirando al carcelero- me hará más daño si no me levanto y voy por
mi cuenta.
Jake
bufó y dijo algo que no logré entender de lo bajo que lo dijo.
El
carcelero me vigiló hasta que salí por la puerta de las mazmorras.
Fuera me esperaba un soldado que me guió por los pasillos, yendo por
detrás. Empujándome cuando iba muy despacio.
-Entra-dijo
el soldado
Abrí
cautelosa la puerta y entré.
-Bienvenida,
Miss...
-Angela
-Miss
Angela, bienvenida.
-Hola
Decidí
mantenerme distante e intentar plasmar en mi cara una impresión de
indiferencia o, a ser posible no tener ninguna emoción visible.
-Como
sabrá, me llamo Leonardo. Los demás nombres no importan.
-Ya
lo sé.
-Vaya,
en el sitio donde vivíais, ¿no os enseñaron modales?-dijo
Leonardo- deberíais tratarme de usted, como yo lo hago. Primero
porque no me conocéis y, segundo porque soy vuestro rey.
-Tienes
razón, no te conozco. Pero no eres mi rey así que para que no haya
confusión, no te trataré de usted. Pese a que me digas maleducada.
Te seguiré hablando como hasta ahora.
-Y
yo os seguiré hablando como hasta ahora.