-->
CAPÍTULO
21: MIEDO
Cuando
le había propuesto a Jake separarnos para que él despistara a los
posibles perseguidores, no había pensado que me quedaría sola, en
medio del bosque y de noche. Debería haber llegado ya, Jake no es
tan insensato y tonto como para no haberse dado cuenta que si se
alejaba mucho, luego tardaría en volver. Irremedablemente, mi mente
asustada, comenzó a imaginar mil cosas que podrían haber ido mal:
el rastreo podría no funcionar con un objeto tan pequeño como mi
colgante o Jake no ser capaz de rastrear eficazmente sin estar
transformado completamente en dragón o, puestos a posibilidades, la
más probable era que lo había perdido durante una maniobra brusca
en el vuelo. Mi mente, no satisfecha con esas opciones, se puso en lo
peor: Jake se había transformado en humano, pero no podía andar por
la herida en el tobillo, causada por una flecha, podría haberlo
atacado un animal y haberlo retrasado o haberlo ma... no, eso no
podría haber ocurrido, Jake es fuerte e inteligente y tiene ventaja
en una cosa, los animales salvajes no están acostumbrados a ver o
luchar contra humanos, menos todavía contra Jake medio convertido en
dragón.
¡Maldita
sea!, mis pensamientos paranoicos me estaban aterrorizando más de lo
que estaba. Intenté dejar de pensar en ello pero, el ulular de los
búhos, los chillidos y ruidos de animales desconocidos no ayudaban
en mi proceso de relajación.
Escuché
una rama romperse cerca e inmediatamente, me llevé las manos al
cinturón, donde tenía tres, ¡no! Tenía cinco, las tres que yo
cogí en la fortaleza y las tres de Jake que, me dio a mi porque él
no podía llevar nada transformado en dragón. El ruido se escuchó
más cerca. Si era un animal, no tenía mucho cuidado en ser
silencioso. Otro ruido, esta vez unas hojas al apartarse que, venía
de mi izquierda. De esta mañana, recordaba que, más o menos de
donde venía el ruido, había unos matorrales bastante frondosos.
Debía ser un animal muy grande y fuerte para apartarlos.
Escuché
un : “ushz, ushz” parecido al que hacen las narices al olfatear o
al... rastrear.
-¿Angy?-preguntó
la inconfundible voz de Jake- ¿estás aquí?.
-Si-
dije yo, soltando el aire que había estado reteniendo como me
enseñaron en clase de defensa- Jake, tengo que admitir que me has
asustado.
Jake
vino torpemente (y haciendo mucho ruido) hacia donde estaba yo y, me
cogió la mano.
-Menos
mal que te he encontrado, estaba preocupado.
Esa
noche, sin luces a nuestro alrededor y, solos frente a la oscuridad
de la noche, me recosté junto a Jake, como en esas incontables
noches de verano en las que no solo estábamos nosotros; si no,
Annie, Linzy y Brad también. En esta ocasión, como no estábamos
completamente seguros, Jake montaba guardia mientras yo dormía y
luego yo le relevaría pero, luego me preocuparía por eso ahora, mi
preocupación era dejarme llevar por el sueño; tan deseado y sus
correspondientes sueños o pesadillas.
Me
encontraba en la cima de una montaña escarpada, notaba el frío en
la piel y me miré los brazos, desprovistos de tela que los cubriese
¡normal que tuviese frío!. Estaba vestida con un vestido de un
tejido parecido a la seda, de color blanco como la nieve.
-Angy-
sonó una voz con eco a mi espalda.
Me giré
y vi, con sorpresa a mi madre.
-¿Mamá?
pero t, tú, yo...- normalmente no tartamudeaba ni me trababa con las
palabras pero, ver a mi madre era un shock enorme-yo creía que
estabas...
Decir la
palabra “muerta” era demasiado para mí. En el fondo de mi ser lo
asumía pero, no era capaz de decirlo en voz alta, negándome a
aceptar lo evidente.
Mi madre
siguió como si no me hubiera oido.
-Cariño,
tu padre y yo ansiamos que te reúnas con nosotros. Queremos verte
una última vez.
-¿Mamá,
qué?
Estaba
ansiosa y a la vez temerosa por saber lo que mi madre me quería
decir pero, una voz que no era la de mi madre y sonaba nítida y
clara, a diferencia de las nuestras, habló. Creí identificarla como
la voz de Jake.
-Angy,
Angy despierta
Y luego
una mano zarandeándome el hombro.
Intenté
por todos los medios agarrarme al sueño para escuchar lo que mi
madre me quería decir. Mi madre, al ver mi expresión de ansia,
continuó hablando.
-Hija,
no dejes que...
Demasiado
tarde, el sueño ya se iba, dando paso a la realidad. Con enfado,
abrí los ojos; esperando verlo todo oscuro, como cuando me dormí
pero todo estaba en la claridad más absoluta.