lo siento, por la tardanza, estuve cinco días sin internet, por lo que no pude publicar el día que estaba previsto, ahora sí, el capítulo 20 XD
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CAPÍTULO
20: ENGAÑOS
Continué
volando y dando vueltas para despistar, la idea de Angy, había sido
muy buena. De repente me entró el miedo, ¿y si la habían visto
bajarse de mi lomo?¿o ya nos estaban buscando y se topaban con ella
por casualidad?. Estuve a punto de volver a por ella, pero me
contuve, si volvía, la pondría en peligro. Me obligué a mí mismo
a seguir volando, contando los aleteos para no ponerme nervioso.
Miré
al horizonte; el sol comenzaba a bajar, se estaba haciendo tarde.
Decidí descender, como no cabía, bajé y, a la altura de la copa de
los árboles me volví a transformar en humano. Intenté aterrizar en
el suelo de la mejor forma posible para no hacerme daño, pero fue
difícil porque tenía la pierna algo débil por la herida. Me agaché
y me examiné la herida. Tenía mal aspecto, un agujero(pequeño,
pero un agujero al fin y al cabo) con sangre, ya seca por encima.
Tenía suerte de no tener la herida de la flecha infectada; en parte,
era gracias a Angy, por haberme sacado la flecha. Decidí rasgar la
camiseta manchada de la herida de Angy; la sangre ya estaba seca,
(mientras estaba en las celdas me dieron otra camiseta, aunque
conservaba la que tenía manchada de sangre) la até como pude para
sujetarme el tobillo y tapar la herida.
Me
transformé parcialmente y, cogí el collar que tenía atado a la
mano. Me lo acerqué a la nariz y lo olfateé. Comencé a andar.
Seguir
su rastro no fue fácil ya que, estaba lejos y había muchos otros
olores con los que se mezclaba.
Mientras
caminaba, los sonidos de los animales se hacían más inquietantes,
también por efecto de la luz o; más bien, escasa luz que proyectaba
extrañas sombras en todos los elementos del paisaje.
Seguramente
serían los mismos sonidos que escuchamos en nuestra ida por el
bosque pero, sonaban menos inquietantes al no estar solo. Si Ben me
viese, seguramente se reiría y burlaría de mi, como hacía siempre
y Angy, me defendería o le pondría mala cara, era agradable que
Angy me defendiera, me sentía querido por ella. Pensé nostálgico
en los momentos que pasamos juntos. En la pequeña niña que vino
corriendo y me abrazó asustada, porque era en la única persona en
la que había confiado y querido lo mismo que a sus padres. No sabía
si ese cariño habría menguado con el tiempo, pero el mío por ella
no. Sin quererlo, me vi transportado al pasado, a recuerdos de los
que ni yo mismo me acordaba.
--
Flashback --
¡Jake!-me
llamó una voz asustada, tan conocida como la mía propia.
La dueña
de esa voz vino corriendo hacia mí y me abrazó. Angy, mi mejor
amiga desde que tenía memoria estaba tensa, lo notaba en su abrazo;
más tarde, cuando se separó y le vi la cara, me sorprendí. Su cara
era un cúmulo de varias emociones, tantas que; yo, que normalmente
veía con claridad las emociones reflejadas en su rostro, no las pude
descifrar todas. Había tristeza, por encima de todas y otras más
como decepción, angustia, terror(no miedo, porque era más intenso)
y una mirada que me decía que me necesitaba. Como muchas otras
veces, lo que ella sentía era lo mismo que yo sentía pero, en esta
ocasión estaba seguro de que todos los niños de nuestro pueblo
estaban igual. Nos iban a separar y mandarnos a ese asqueroso
edificio construido “por nuestro bien” y “para protegernos”.
Miré a mi alrededor, estábamos todos juntos, en la pequeña plaza
esperando al hombre que nos llevaría a nuestra prisión porque,
dijesen lo que dijesen los adultos (incluidos nuestros padres) ese
lugar no iba a protegernos de los humanos, no fue construido para
nuestro bien porque, si hubiera sido así, nos habrían dejado
elegir. El lugar al que nos enviaban sería nuestra prisión, Dios
sabe durante cuánto tiempo.
***
Si
ese día me hubiesen dado a elegir, me habría quedado y, estoy
seguro que Angy pensaría lo mismo. Lo que nos hicieron fue una
crueldad, por mucho que dijeran que era para nuestro bien, ¡y ya ven
para lo que les ha servido! para que ahora, estemos solos en el
mundo, solo por la decisión de apartarnos de una guerra en la que,
al fin y al cabo estábamos desde el día en el que nacimos siendo lo
que somos.
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