jueves, 7 de agosto de 2014

Capítulo 21

expr:id='"post-body-" + data:post.id' itemprop='description articleBody'>
-->
CAPÍTULO 21: MIEDO

Cuando le había propuesto a Jake separarnos para que él despistara a los posibles perseguidores, no había pensado que me quedaría sola, en medio del bosque y de noche. Debería haber llegado ya, Jake no es tan insensato y tonto como para no haberse dado cuenta que si se alejaba mucho, luego tardaría en volver. Irremedablemente, mi mente asustada, comenzó a imaginar mil cosas que podrían haber ido mal: el rastreo podría no funcionar con un objeto tan pequeño como mi colgante o Jake no ser capaz de rastrear eficazmente sin estar transformado completamente en dragón o, puestos a posibilidades, la más probable era que lo había perdido durante una maniobra brusca en el vuelo. Mi mente, no satisfecha con esas opciones, se puso en lo peor: Jake se había transformado en humano, pero no podía andar por la herida en el tobillo, causada por una flecha, podría haberlo atacado un animal y haberlo retrasado o haberlo ma... no, eso no podría haber ocurrido, Jake es fuerte e inteligente y tiene ventaja en una cosa, los animales salvajes no están acostumbrados a ver o luchar contra humanos, menos todavía contra Jake medio convertido en dragón.
¡Maldita sea!, mis pensamientos paranoicos me estaban aterrorizando más de lo que estaba. Intenté dejar de pensar en ello pero, el ulular de los búhos, los chillidos y ruidos de animales desconocidos no ayudaban en mi proceso de relajación.
Escuché una rama romperse cerca e inmediatamente, me llevé las manos al cinturón, donde tenía tres, ¡no! Tenía cinco, las tres que yo cogí en la fortaleza y las tres de Jake que, me dio a mi porque él no podía llevar nada transformado en dragón. El ruido se escuchó más cerca. Si era un animal, no tenía mucho cuidado en ser silencioso. Otro ruido, esta vez unas hojas al apartarse que, venía de mi izquierda. De esta mañana, recordaba que, más o menos de donde venía el ruido, había unos matorrales bastante frondosos. Debía ser un animal muy grande y fuerte para apartarlos.
Escuché un : “ushz, ushz” parecido al que hacen las narices al olfatear o al... rastrear.
-¿Angy?-preguntó la inconfundible voz de Jake- ¿estás aquí?.
-Si- dije yo, soltando el aire que había estado reteniendo como me enseñaron en clase de defensa- Jake, tengo que admitir que me has asustado.
Jake vino torpemente (y haciendo mucho ruido) hacia donde estaba yo y, me cogió la mano.
-Menos mal que te he encontrado, estaba preocupado.

Esa noche, sin luces a nuestro alrededor y, solos frente a la oscuridad de la noche, me recosté junto a Jake, como en esas incontables noches de verano en las que no solo estábamos nosotros; si no, Annie, Linzy y Brad también. En esta ocasión, como no estábamos completamente seguros, Jake montaba guardia mientras yo dormía y luego yo le relevaría pero, luego me preocuparía por eso ahora, mi preocupación era dejarme llevar por el sueño; tan deseado y sus correspondientes sueños o pesadillas.


Me encontraba en la cima de una montaña escarpada, notaba el frío en la piel y me miré los brazos, desprovistos de tela que los cubriese ¡normal que tuviese frío!. Estaba vestida con un vestido de un tejido parecido a la seda, de color blanco como la nieve.
-Angy- sonó una voz con eco a mi espalda.
Me giré y vi, con sorpresa a mi madre.
-¿Mamá? pero t, tú, yo...- normalmente no tartamudeaba ni me trababa con las palabras pero, ver a mi madre era un shock enorme-yo creía que estabas...

Decir la palabra “muerta” era demasiado para mí. En el fondo de mi ser lo asumía pero, no era capaz de decirlo en voz alta, negándome a aceptar lo evidente.
Mi madre siguió como si no me hubiera oido.
-Cariño, tu padre y yo ansiamos que te reúnas con nosotros. Queremos verte una última vez.
-¿Mamá, qué?
Estaba ansiosa y a la vez temerosa por saber lo que mi madre me quería decir pero, una voz que no era la de mi madre y sonaba nítida y clara, a diferencia de las nuestras, habló. Creí identificarla como la voz de Jake.
-Angy, Angy despierta
Y luego una mano zarandeándome el hombro.
Intenté por todos los medios agarrarme al sueño para escuchar lo que mi madre me quería decir. Mi madre, al ver mi expresión de ansia, continuó hablando.
-Hija, no dejes que...


Demasiado tarde, el sueño ya se iba, dando paso a la realidad. Con enfado, abrí los ojos; esperando verlo todo oscuro, como cuando me dormí pero todo estaba en la claridad más absoluta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario