martes, 1 de abril de 2014

CAPÍTULO 12

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CAPÍTULO 12: SANGRE

Al mismo tiempo que la sangre se derramaba desde la herida por mi cuello, una lágrima se derramaba por la mejilla desde el ojo. Una lágrima silenciosa, parte del dolor que sentía por dentro. No sólo por la daga que presionaba contra mi cuello; si no, por todo lo que estábamos sufriendo. No sólo yo, si no también por lo que estaban sufriendo las personas que me importaban.
Escuché varias voces llamándome y luego una voz más cercana que venía de mi espalda.
-Si no queréis que apriete más la daga, dejad las armas en el cuello.
Jake hizo amago de dejar las armas en el suelo.
-¡Jake, no!-intenté gritar, pero no me salió todo lo fuerte que yo pretendía.
Al hablar se me clavó más la daga aunque, mi opresor no la movió ni un milímetro.
Jake soltó el arma, mi hermana, Brad y Linzy también.
El hombre silbó cuatro veces y aparecieron cuatro hombres, que sujetaron a los que quedaban libres.
Nos comenzamos a mover. Me empezó a entrar flojera y el hombre que sujetaba la daga, permitió que otro hombre me ayudara porque por mí sola no podía andar y les retrasaría si seguían mi ritmo.
Dentro de mi escaso campo de visión, pude ver un considerable número de cadáveres de ambos bandos.
Por fin nos paramos, parecía un campamento, aunque no estaba segura porque me costaba enfocar la visión.
Me metieron dentro de una jaula y a los demás conmigo. Fui trabajosamente hasta una de las paredes de la jaula y me senté allí. ¡Por fin me podía sentar!.
Rápidamente corrieron hacia mí.
-Angy, Angy ¡por favor, aguanta!- me dijo un angustiado Jake.
-Tranquilo-dije con dificultad.
-Shh, no hables-me dijo alguien¿Linzy? Si, podría ser. Empezaba a escuchar las voces como si estuvieran muy lejos.
-Tapadnos de la vista de los humanos, si averiguan que somos magos, nos podrán en jaulas separadas y ya no podremos curarla.-dijo un chico, no era la voz de Jake así que sería Tom.
-No podremos curarla si la herida no está tapada- dijo Linzy- necesitamos tela.
Jake se quitó la camiseta y se la dió a Linzy, que me la colocó en el cuello. Comenzaron a cantar y dibujarme cosas con el dedo en el cuello. Mientras, yo me dediqué a admirar a Jake. Tenía el pecho y los brazos musculosos, era alto y, bastante guapo. Sus ojos verdes, resaltaban con su pelo moreno oscuro. Nunca había pensado en Jake así, debería ser que estaba delirando.
Se me cerraron los ojos y después ya no vi, oí o sentí nada más.

***

Abrí los ojos, estaba todo oscuro, sería de noche. Notaba algo agarrando mi mano. Unas esposas pensé e intenté soltarme.
-¿Estás despierta?-Era Jake, hablando en susurros.
-Si.
Lo que yo había pensado que eran esposas, era la mano de Jake.
-¿Cómo es que estás despierto?- dije sorprendida- ¿te he despertado yo?
-No, ¿en serio crees que podría dormir estando tú así?¿crees que podría dormir y no tener pesadillas en las que salías tú desangrándote y muriéndote?- estaba comenzando a subir la voz.
-Tranquilo, estoy aquí contigo y estoy bien-dije apretándole más la mano.
Me acerqué más a él y le abracé, él respondió a mi abrazo.
-Eres increíble- hizo un ruido parecido a una risa- casi te mueres y ahora estás aquí, diciéndome que esté tranquilo cuando tú tendrías que ser la que está nerviosa y yo el que te consuela.
Una lágrima cayó por mi mejilla. Y Jake me dijo:
-¿Estás llorando?
¿Cómo lo podría haberlo sabido? O dios, Jake lo sabía porque notó mi lágrima en su piel; porque su camiseta, la tenía yo en el cuello. Esto era lo más cerca que había estado de Jake sin camiseta. Me sonrojé y me alegré de que estuviera oscuro y sin poder mirarme la cara para que no lo notara.
El tacto de su piel era suave, excepto en la parte de las cicatrices de sus alas de dragón y estaba caliente, ¿cómo podía estar caliente si no tenía camiseta y hacía frío? claro, era un dragón y el calor corría por sus venas, pero aún así... Me entró un escalofrío.
-¿Tienes frío?- me preguntó Jake, separándose un poco de mí para poder mirarme.- Te daría mi chaqueta o mi camiseta, pero la chaqueta la perdí y la camiseta la tienes tú en tu cuello.
Me acerqué las manos al cuello como para quitármela.
-Tranquila, en tu cuello está mejor.- me sonrió-¿estás bien?
Asentí
-¿No tienes frío?-le dije.
-No, ventajas de la sangre de dragón. No puedo librarme de su calor ni aunque quisiera.-pareció que iba a decir otra cosa pero decidió cayarse.

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