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CAPÍTULO
12: SANGRE
Al
mismo tiempo que la sangre se derramaba desde la herida por mi
cuello, una lágrima se derramaba por la mejilla desde el ojo. Una
lágrima silenciosa, parte del dolor que sentía por dentro. No sólo
por la daga que presionaba contra mi cuello; si no, por todo lo que
estábamos sufriendo. No sólo yo, si no también por lo que estaban
sufriendo las personas que me importaban.
Escuché
varias voces llamándome y luego una voz más cercana que venía de
mi espalda.
-Si
no queréis que apriete más la daga, dejad las armas en el cuello.
Jake
hizo amago de dejar las armas en el suelo.
-¡Jake,
no!-intenté gritar, pero no me salió todo lo fuerte que yo
pretendía.
Al
hablar se me clavó más la daga aunque, mi opresor no la movió ni
un milímetro.
Jake
soltó el arma, mi hermana, Brad y Linzy también.
El
hombre silbó cuatro veces y aparecieron cuatro hombres, que
sujetaron a los que quedaban libres.
Nos
comenzamos a mover. Me empezó a entrar flojera y el hombre que
sujetaba la daga, permitió que otro hombre me ayudara porque por mí
sola no podía andar y les retrasaría si seguían mi ritmo.
Dentro
de mi escaso campo de visión, pude ver un considerable número de
cadáveres de ambos bandos.
Por
fin nos paramos, parecía un campamento, aunque no estaba segura
porque me costaba enfocar la visión.
Me
metieron dentro de una jaula y a los demás conmigo. Fui
trabajosamente hasta una de las paredes de la jaula y me senté allí.
¡Por fin me podía sentar!.
Rápidamente
corrieron hacia mí.
-Angy,
Angy ¡por favor, aguanta!- me dijo un angustiado Jake.
-Tranquilo-dije
con dificultad.
-Shh,
no hables-me dijo alguien¿Linzy? Si, podría ser. Empezaba a
escuchar las voces como si estuvieran muy lejos.
-Tapadnos
de la vista de los humanos, si averiguan que somos magos, nos podrán
en jaulas separadas y ya no podremos curarla.-dijo un chico, no era
la voz de Jake así que sería Tom.
-No
podremos curarla si la herida no está tapada- dijo Linzy-
necesitamos tela.
Jake
se quitó la camiseta y se la dió a Linzy, que me la colocó en el
cuello. Comenzaron a cantar y dibujarme cosas con el dedo en el
cuello. Mientras, yo me dediqué a admirar a Jake. Tenía el pecho y
los brazos musculosos, era alto y, bastante guapo. Sus ojos verdes,
resaltaban con su pelo moreno oscuro. Nunca había pensado en Jake
así, debería ser que estaba delirando.
Se
me cerraron los ojos y después ya no vi, oí o sentí nada más.
***
Abrí
los ojos, estaba todo oscuro, sería de noche. Notaba algo agarrando
mi mano. Unas esposas pensé e intenté soltarme.
-¿Estás
despierta?-Era Jake, hablando en susurros.
-Si.
Lo
que yo había pensado que eran esposas, era la mano de Jake.
-¿Cómo
es que estás despierto?- dije sorprendida- ¿te he despertado yo?
-No,
¿en serio crees que podría dormir estando tú así?¿crees que
podría dormir y no tener pesadillas en las que salías tú
desangrándote y muriéndote?- estaba comenzando a subir la voz.
-Tranquilo,
estoy aquí contigo y estoy bien-dije apretándole más la mano.
Me
acerqué más a él y le abracé, él respondió a mi abrazo.
-Eres
increíble- hizo un ruido parecido a una risa- casi te mueres y ahora
estás aquí, diciéndome que esté tranquilo cuando tú tendrías
que ser la que está nerviosa y yo el que te consuela.
Una
lágrima cayó por mi mejilla. Y Jake me dijo:
-¿Estás
llorando?
¿Cómo
lo podría haberlo sabido? O dios, Jake lo sabía porque notó mi
lágrima en su piel; porque su camiseta, la tenía yo en el cuello.
Esto era lo más cerca que había estado de Jake sin camiseta. Me
sonrojé y me alegré de que estuviera oscuro y sin poder mirarme la
cara para que no lo notara.
El
tacto de su piel era suave, excepto en la parte de las cicatrices de
sus alas de dragón y estaba caliente, ¿cómo podía estar caliente
si no tenía camiseta y hacía frío? claro, era un dragón y el
calor corría por sus venas, pero aún así... Me entró un
escalofrío.
-¿Tienes
frío?- me preguntó Jake, separándose un poco de mí para poder
mirarme.- Te daría mi chaqueta o mi camiseta, pero la chaqueta la
perdí y la camiseta la tienes tú en tu cuello.
Me
acerqué las manos al cuello como para quitármela.
-Tranquila,
en tu cuello está mejor.- me sonrió-¿estás bien?
Asentí
-¿No
tienes frío?-le dije.
-No,
ventajas de la sangre de dragón. No puedo librarme de su calor ni
aunque quisiera.-pareció que iba a decir otra cosa pero decidió
cayarse.
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