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CAPÍTULO
13: VIAJE
A la
mañana siguiente, montaron la jaula en un carro y comenzaron a
moverse.
Poco
a poco, los demás se fueron despertando. Fue incríble ver sus
reacciones al verme. La mejor, fue la de mi hermana. Fue a echarme
las manos al cuello y abrazarme, pero luego se lo pensó mejor y,
como no sabía que hacer se puso de rodillas, me cogió de la cara
despacio y me besó la frente. Como yo hacía con ella cuando pasaba
algo. Nos habíamos cambiado los papeles. Mi hermana había tenido
que madurar muy rápido en éstos últimos tiempos.
Linzy
examinó la herida para ver si había mejorado. Me quitó la camiseta
de Jake del cuello. Y pareció que la herida estaba mejor porque
sonrió y le tiró la camiseta a Jake, que la cogió al vuelo.
-La
herida está mejor, ya se ha cerrado. Pero intenta no mover el
cuello- dijo Linzy con aire experimentado -y, Jake, me temo que tu
camiseta se ha tintado. .
Era
verdad, estaba completamente cubierta de sangre seca que le daba un
color rojizo inquietante.
-Da
igual, así me recordará lo despiadados que son estos tipos y la
cuenta pendiente que tengo con ellos.
Dijo
mirando fijamente, con rabia a los hombres que estaban delante.
Durante
todo el viaje, estuvimos cayados por miedo a que nos estuvieran
escuchando.
Brad
fue el primero en divisar el sitio al que nos dirigíamos. Los demás
miramos también y vimos una especie de fortaleza de color negro,
alta, grande, con una muralla rodeándolo y otra muralla exterior
rodeando el castillo y el pueblo. Era deprimente, saber que
estaríamos encerrados en un sitio como ése, si así de tétrico era
el castillo, no me quería ni imaginar las mazmorras.
El
carro que llevaba nuestra jaula entró por la primera muralla.
Atravesamos todo el pueblo. Los aldeanos nos miraban, unos con asco,
otros asustados y había algunos que ni nos miraban y tapaban los
ojos a los pequeños.
Llegamos
a la segunda muralla y al atravesarla, dimos a un patio bastante
grande y ahí nos paramos. Las puertas se cerraron tras el último.
Un hombre vestido elegantemente vino a recibir a los guerreros, el
hombre que me cortó con la daga le dijo algo y luego el primer
hombre entró de nuevo en el edificio.
Al
cabo de un rato llegó otra vez acompañado de otro hombre más joven
que iba vestido mucho más elegante, con una gran capa roja de
terciopelo, ropas negras con detalles en dorado y, lo que me hizo
darme cuenta de quién era. Una corona.
Todos
los soldados se arrodillaron, el rey de los hombres no mágicos hizo
un gesto y todos se levantaron otra vez. Creo recordar que se llamaba
Leonardo (y no sé que otros nombres más le seguían al primero)
Amenxis De Gluccini. Un nombre bastante raro, pero los humanos son
así.
De
nuevo, el hombre que me cortó en el cuello con la daga, que debía
ser el general, le dijo algo que no alcancé a oír pero que, con
toda seguridad trataba de nosotros, porque nos dirigió una larga
mirada (en la que no puede descifrar ninguna emoción) deslizando sus
ojos por cada uno de nosotros. No sé si fue mi imaginación, pero su
mirada se fijó en mí más tiempo del que se fijó en los demás.
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