CAPÍTULO
15: TRATO
-Bien,
ahora os diré para lo que os he llamado.-dijo Leonardo.- quiero
hacer un trato con vos, os quedas aquí y dejo libres a sus amigos.
-No
veo la diferencia entre el futuro que tengo ahora y el que tendría
con tu trato.
-Os
iluminaré las ideas, la diferencia está en que, con lo que yo os
propongo, sus amigos estarían a salvo y libres. Veo que sois una
buena persona, no creo que podáis vivir con la culpa de haber dejado
a sus amigos encarcelado de por vida, verlos consumirse, adelgazar,
envejecer, morir... Sabiendo que podríais haberlos salvado.
- ¿Y
cómo puedo estar segura de que cumplirás tu promesa?
-Soy
un rey, los reyes cumplen siempre sus promesas, mi lady, más si eso
no os basta, porque no me consideráis vuestro rey, puedo hacer que
lo firmen.
-Tampoco
es que me fíe mucho de los papeles pero, si es lo único que
hay...-dije
-De
acuerdo-dijo Leonardo con algo parecido a una sonrisa en su
cara-tendrá que despedirse de sus amigos,¿verdad, Miss Angela?
-Si,
adiós. Pero antes, me gustaría decirte que no soy una estúpida.
-¿Por
qué decís eso?
-Porque
me da a mí que esa no es la verdadera razón. No eres tan
benevolente y estúpido como para liberar a seis presos mágicos; lo
que podría arruinar tu imagen, solo por tenerme prisionera.
-Puede
ser, pero es algo que no os incumbe.
-Te
equivocas. Si voy a estar dentro de tus planes; como creo que será,
tengo derecho a saberlo.
-Pero
aquí la gente de vuestra calaña no tiene derechos.
Y me
fui, con el ánimo por los suelos. No solo por la angustia de no
saber lo que me deparaba; si no, porque ahora tendría que
enfrentarme a mis amigos, porque sabía que no me dejarían ir tan
fácilmente y aunque me conmovía, ahora me vodría bastante mal eso.
Salí
de la habitación y fuera me esperaba el mismo soldado que me había
escoltado hasta aquí e hice todo el camino hacia la mazmorra
pensando en lo que les diría a mis amigos. El carcelero abrió la
puerta de las mazmorras, entré y el carcelero me siguió con un
cuchillo en la mano, como si esperara que yo me revolviera y le
atacara en cualquier momento.
En
cuanto entré a la celda, todos corrieron a abrazarme preguntarme
qué había pasado. Leonardo, por mucho que me pesara, había visto
mi punto débil. Mis amigos y lo que los quería. Tenía razón al
decir que yo no podría verlos adelgazar, consumirse, envejecer,
morir... sabiendo que yo tuve la oportunidad de salvarlos y
ahorrarles ese futuro horrible.
-¿Qué
te ha dicho?-me preguntó Annie, alterada-¿Qué te ha hecho?
-No
me ha hecho nada-dije yo- pero sí me ha dicho algo.
Todos
se quedaron mudos mirándome y supe que esperaban que yo se lo
contase. Había estado practicando ésta misma conversación varias
veces en mi camino de nuevo hacia las mazmorras y con varias
variaciones con las distintas respuestas que me podían dar,
basándome en lo que los conocía a cada uno. Pero ahora que debía
hablar, era difícil saber cómo comenzar. Comencé a hablar casi sin
darme cuenta, las palabras salían de mi boca atropelladamente.
-Me...
me ha propuesto un trato-dije
Uff,
suspiré, por fin lo había soltado.
Todos
me miraron expectantes; claro, esperaban que yo les dijera en qué
consistía el trato.
-Bueno,
consistía básicamente en dejaros libres.
De
repente aparecieron sonrisas en sus caras. Primero de incredulidad,
luego de alegría. En mi última esperanza esperaba que no se dieran
cuenta del fallo en el tiempo verbal. Pero, para mi desgracia, mi
hermana se dio cuenta.
-Espera,
has dicho dejaros, no dejarnos.¿Angy?
Todos
me miraban ahora, las sonrisas habían desaparecido y las sustituían
las miradas expectantes, de incomprensión y tristes.
-Vosotros
saldréis, pero quiere que yo me quede aquí.
-¿Y
qué le has dicho?-dijo Annie
-¿Qué
creéis?-dije, como vi que dudaban lo aclaré-He dicho que sí
-No
me lo puedo creer Angy; por favor, dime que no lo dices en serio,
¡DILO!-dijo Jake
-No
voy a mentirte, Jake-dije yo
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